Ahora, incluso después de pagar lo que gastamos durante mi periodo, enfrentaremos el enorme déficit que teníamos cuando asumí la presidencia. Lo que es más importante aun, los costos de Medicare, Medicaid y el Seguro Social continuarán aumentando vertiginosamente. Por eso he propuesto una Comisión Fiscal bipartidista, basada en una propuesta del republicano Judd Gregg y el demócrata Kent Conrad. (Aplausos.) Éste no puede ser uno de esos artilugios de Washington que nos permite aparentar que resolvimos un problema. La comisión tendrá que ofrecer un conjunto específico de soluciones para cierta fecha límite.
Ayer, el Senado bloqueó el proyecto de ley que habría creado esta comisión. Por lo tanto, aprobaré un decreto ejecutivo que nos permitirá proseguir, pues me rehúso a heredarle este problema a otra generación de estadounidenses. (Aplausos.) Y cuando sea hora de votar el día de mañana, el Senado debe hacer que vuelva a tener vigencia la ley que exige el pago de gastos cuando se incurre en ellos, una de las principales razones por las que tuvimos un superávit récord en los años noventa. (Aplausos.)
Ahora, sé que hay miembros de mi propio partido que alegan que no podemos acometer el déficit o congelar el gasto del gobierno cuando tantos aún sufren. Y estoy de acuerdo, razón por la cual esta congelación no entrará en vigor sino hasta el próximo año -- (risas) -- cuando la economía tenga mayor solidez. Así funcionan los presupuestos. (Risas y aplausos.) Pero comprendan -- comprendan: si no tomamos medidas significativas para frenar nuestra deuda, podría perjudicar nuestro mercado, aumentar el costo de los préstamos y comprometer nuestra recuperación, todo lo cual tendría un efecto aun peor en la generación de empleo y el aumento de los ingresos familiares.
De algunos de derecha, espero oír un argumento diferente: que si simplemente hacemos menos inversiones en nuestra gente, les otorgamos recortes tributarios incluyendo a los estadounidenses más acaudalados, eliminamos más normas y mantenemos el status quo en el cuidado de salud, nuestro déficit desaparecerá. El problema es que eso fue lo que hicimos durante ocho años. (Aplausos.) Eso fue lo que ayudó a llevarnos a esta crisis. Es lo que ayudó a producir este déficit. No podemos volver a hacerlo.
En vez de luchar las mismas trilladas batallas que han dominado Washington durante décadas, es hora de algo nuevo. Invirtamos en nuestro pueblo sin dejarle una montaña de deudas. Cumplamos con nuestra responsabilidad para con la gente que nos trajo aquí. Probemos usar sentido común. (Risas.) Un concepto novedoso.
Para hacer eso, debemos reconocer que enfrentamos más que un déficit de dinero en este momento. Enfrentamos un déficit de confianza: dudas profundas y corrosivas sobre la manera en que opera Washington que se vienen gestando desde hace años. A fin de cerrar esa brecha de credibilidad, debemos tomar medidas en ambos extremos de Pensilvania Avenue para acabar con la influencia desproporcionada de los cabilderos; para hacer nuestra labor a la vista de todos, y para darle a nuestro pueblo el gobierno que se merece. (Aplausos.)
Para eso vine a Washington. Por eso –por primera vez en la historia– mi gobierno publica en Internet quién visita la Casa Blanca. Y por eso hemos excluido a los cabilderos de puestos o escaños en juntas y comisiones federales que dictan política.
Pero no podemos parar allí. Es hora de requerir que los cabilderos informen de cada contacto que tienen con mi gobierno o el Congreso a favor de un cliente. Es hora de poner límites estrictos a las contribuciones que los cabilderos les dan a los candidatos a cargos federales.
Con todo el respeto debido a la separación de poderes, la semana pasada, la Corte Suprema anuló un siglo de leyes que yo creo permitirán que oleadas de intereses especiales –incluidas las empresas extranjeras– inunden nuestras elecciones con gastos ilimitados. (Aplausos.) Yo no creo que las elecciones en Estados Unidos deben ser financiadas por los intereses más poderosos de Estados Unidos, y peor aun, por entidades extranjeras. Deben ser decididas por el pueblo estadounidense. Y estoy instando a los demócratas y republicanos a que aprueben una medida para corregir algunos de estos problemas.
También estoy haciendo un llamado al Congreso para que continúe la reforma de asignaciones para proyectos especiales. (Aplausos.) Demócratas y Republicanos. (Aplausos.) Demócratas y Republicanos. Ustedes han recortado algunos de estos gastos y ustedes han aceptado ciertos cambios significativos. Pero se requiere hacer más para recuperar la confianza del público. Por ejemplo, algunos miembros del Congreso publican en Internet las solicitudes de asignaciones especiales. (Aplausos.) Esta noche, insto al Congreso a que publique todas las solicitudes de asignaciones especiales en un solo sitio de Internet antes de que se someta a votación para que el pueblo estadounidense pueda ver cómo se está gastando su dinero. (Aplausos.)
Por supuesto que ninguna de estas reformas siquiera tendrá lugar si no reformamos también la manera en que trabajamos unos con otros.
No, no soy ingenuo. Nunca pensé que el simple hecho de mi elección daría paso a la paz y la armonía -- (risas) -- y a una era de post partidismo. Sabía que ambos partidos han alimentado divisiones que están profundamente arraigadas. Y en algunos casos, simplemente hay diferencias filosóficas que siempre nos dividirán. Estos desacuerdos sobre la función del gobierno en nuestra vida, sobre nuestras prioridades nacionales y nuestra seguridad nacional vienen ocurriendo desde hace más de doscientos años. Son la esencia de nuestra democracia.
Pero lo que frustra a los estadounidenses es un Washington donde todos los días son días de elecciones. No podemos librar una campaña perpetua en la que el único objetivo es ver quién puede lograr los titulares más vergonzosos sobre el opositor, la noción de que si tú pierdes, yo gano. Ningún partido debe retrasar ni obstruir todo proyecto de ley simplemente porque puede hacerlo. La confirmación de -- (aplausos) -- le hablo a ambos partidos ahora, la confirmación de funcionarios públicos muy competentes no debe estar atada a los proyectos preferidos o los resentimientos de unos pocos senadores. (Aplausos.)
Washington quizá piense que decir cualquier cosa sobre la otra parte, por más falso que sea, no obstante el nivel de malicia, es simplemente parte del juego. Pero es precisamente ese tipo de política lo que ha evitado que partido alguno ayude a los estadounidenses. Peor aun, está creando mayor división entre nuestros ciudadanos y mayor desconfianza en nuestro gobierno.
Entonces, no, no me daré por vencido con respecto a tratar de cambiar el tono de nuestra política. Sé que es un año de elecciones. Y tras la semana pasada, está claro que la fiebre electoral ha llegado incluso antes de lo acostumbrado. Pero aún debemos gobernar.
A los demócratas les recuerdo que aún tenemos la mayoría más numerosa en varias décadas, y la gente espera que resolvamos problemas, no que salgamos corriendo. (Aplausos.) Y si los líderes republicanos insisten en que se requieren sesenta votos en el Senado para lograr cualquier cosa en esta ciudad -- una super mayoría -- entonces la responsabilidad de gobernar ahora es de ustedes también. (Aplausos.) Quizá sea bueno para la política a corto plazo simplemente decirle no a todo, pero no es liderazgo. Nos trajeron aquí para ponernos al servicio de nuestros ciudadanos, no nuestras ambiciones. (Aplausos.) Entonces, mostrémosles a los estadounidenses que podemos lograrlo juntos. (Aplausos.)
Esta semana, hablaré en una reunión de los republicanos de la Cámara de Representantes. Y me gustaría comenzar a tener reuniones mensuales con líderes tanto demócratas como republicanos. Sé que las esperan ansiosamente. (Risas.)
En toda nuestra historia, ningún asunto ha unido a este país más que nuestra seguridad. Lamentablemente, parte de la unidad que sentimos tras el 11 de septiembre se ha disipado. Podemos discutir todo lo que queramos sobre quién tiene la culpa de esto, pero no me interesa tener otro pleito sobre el pasado. Sé que todos nosotros amamos a este país. Todos nosotros estamos comprometidos con su defensa. Entonces, pongamos de lado los insultos de colegiales sobre quién es más recio. Rechacemos la falsa opción entre proteger a nuestro pueblo y defender nuestros valores. Dejemos atrás el temor y el divisionismo, y hagamos lo necesario para defender a nuestra nación y forjar un futuro más lleno de esperanza, para Estados Unidos y el mundo. (Aplausos.)
Ésa es la labor que iniciamos el año pasado. Desde el primer día de mi presidencia, hemos renovado nuestra atención a los terroristas que amenazan a nuestra nación. Hicimos considerables inversiones en nuestra seguridad nacional e interrumpimos complots que amenazaban vidas estadounidenses. Estamos llenando brechas inaceptables que delató el frustrado atentado de Navidad, con mejor seguridad en el transporte aéreo y respondiendo más rápido a nuestra información de inteligencia. Hemos prohibido la tortura y forjado alianzas más estrechas desde el Pacífico hasta el sur de Asia y la Península Arábiga. Y el año pasado, cientos de combatientes y afiliados a Al Qaida, incluidos muchos de sus principales líderes, han sido capturados o eliminados, muchos más que en el 2008.
Y en Afganistán, estamos aumentando nuestra presencia militar y capacitando a las Fuerzas de Seguridad afganas para que puedan comenzar a asumir la delantera en julio del 2011, y que nuestros soldados puedan comenzar a regresar a casa. (Aplausos.) Recompensaremos el buen gobierno, trabajar para reducir la corrupción y apoyaremos los derechos de todos los afganos, tanto hombres como mujeres. (Aplausos.) Están de nuestro lado aliados y socios que han aumentado su propio compromiso y que se congregarán mañana en Londres para reiterar nuestro propósito común. Se avecinan días difíciles. Pero estoy absolutamente seguro de que tendremos éxito.
Al llevar la lucha donde Al Qaida, estamos dejando responsablemente a Irak en manos de su pueblo. Como candidato, prometí que llevaría esta guerra a su fin, y eso es lo que estoy haciendo como Presidente. Todas nuestras tropas de combate habrán salido de Irak para fines de agosto. (Aplausos.) Apoyaremos al gobierno de Irak -- Apoyaremos al gobierno de Irak cuando tenga elecciones y continuaremos asociándonos con los iraquíes para promover la paz y prosperidad regional. Pero que no quepa la menor duda: esta guerra está concluyendo, y todos nuestros soldados regresarán a casa. (Aplausos.)
Esta noche, todos nuestros hombres y mujeres de uniforme –en Irak, Afganistán y alrededor del mundo– deben saber que nosotros -- que cuentan con nuestro respeto, nuestra gratitud y nuestro pleno respaldo. Y así como deben contar con los recursos que necesitan en la guerra, todos tenemos la responsabilidad de apoyarlos cuando regresen. (Aplausos.) Por eso hemos hecho el mayor aumento en inversión para veteranos en varias décadas. El año pasado. (Aplausos.) Por eso estamos construyendo una Dirección de Veteranos del siglo XXI. Y por eso Michelle ha unido fuerzas con Jill Biden para forjar un compromiso nacional a fin de apoyar a las familias militares. (Aplausos.)
Ahora, incluso al librar dos guerras, también enfrentamos lo que posiblemente sea el mayor peligro para los estadounidenses: la amenaza de las armas nucleares. Me he acogido a la visión de John F. Kennedy y Ronald Reagan con una estrategia que revierte el proceso de proliferación de dichas armas y procura eliminarlas del mundo. Para reducir nuestro arsenal y lanzadores a la vez que aseguramos nuestros elementos de disuasión, Estados Unidos y Rusia estarán concluyendo negociaciones del tratado de control de armas de mayor envergadura en casi dos décadas. (Aplausos.) Y en la Cumbre sobre la Seguridad Nuclear de abril, congregaremos a cuarenta y cuatro países aquí en Washington, D.C. con un objetivo claro: el depósito seguro de todos los materiales nucleares vulnerables alrededor del mundo en cuatro años, para que nunca caigan en manos de terroristas. (Aplausos.)
Ahora, estos esfuerzos diplomáticos también nos han dado más influencia al tratar con aquellos países que insisten en trasgredir los acuerdos internacionales para obtener armas nucleares. Por eso, Corea del Norte enfrenta ahora más aislacionismo y sanciones más fuertes, las cuales se están aplicando vigorosamente. Por eso la comunidad internacional está más unida, y la República Islámica de Irán está más aislada. Y si los líderes de Irán continúan ignorando sus obligaciones, no debe haber la menor duda: ellos también enfrentarán consecuencias cada vez mayores. Eso es una promesa. (Aplausos.)
Ése es el liderazgo que estamos aportando, relaciones que promueven la seguridad y prosperidad común de todos los pueblos. Estamos trabajando por medio del G-20 para mantener una recuperación mundial perdurable. Estamos trabajando con comunidades musulmanas en todo el mundo para promover las ciencias, educación e innovación. Hemos pasado de ser espectadores a líderes en la lucha contra el cambio climático. Estamos ayudando a los países en desarrollo a alimentarse y continuamos la lucha contra el VIH/SIDA. Y estamos iniciando un nuevo programa que nos dará la capacidad de responder más rápido y eficazmente al bioterrorismo o una enfermedad infecciosa, un plan que combatirá amenazas dentro del país y mejorará la salud pública en el extranjero.
Como lo hemos hecho durante más de sesenta años, Estados Unidos está tomando estas medidas porque nuestro destino está conectado a quienes viven más allá de nuestras fronteras. Pero también lo hacemos porque es lo correcto. Por eso, al reunirnos esta noche aquí, más de 10,000 estadounidenses están trabajando con muchos países para ayudar a la gente de Haití a recuperarse y reconstruir. (Aplausos.) Por eso, apoyamos a la niña que anhela ir a la escuela en Afganistán; apoyamos los derechos humanos de las mujeres que marchan por las calles de Irán, y abogamos por el joven a quien se le negó un empleo debido a la corrupción en Guinea. Estados Unidos siempre debe estar de lado de la libertad y dignidad humana. (Aplausos.) Siempre. (Aplausos.)
En el extranjero, nuestros ideales siempre han sido la mayor fuente del poderío de Estados Unidos. Lo mismo ocurre dentro del país. Encontramos unidad en nuestra gran diversidad, en base a la promesa consagrada en nuestra Constitución: la noción de que todos somos creados iguales, que independientemente de quién eres o qué apariencia tienes, si obedeces la ley, ésta te debe proteger; que si te ciñes a nuestros valores comunes, deben tratarte igual que a todos los demás.
Debemos renovar continuamente esta promesa. Mi gobierno cuenta con una División de Derechos Civiles que nuevamente está procesando violaciones de derechos civiles y discriminación laboral. (Aplausos.) Finalmente contamos con leyes más estrictas para protegernos de los crímenes alimentados por el odio. (Aplausos.) Este año, trabajaré con el Congreso y nuestras Fuerzas Armadas para finalmente abolir la ley que les niega a los estadounidenses homosexuales, por ser como son, el derecho de servir a la patria que aman. (Aplausos.) Es lo correcto y lo que se debe hacer. (Aplausos.)
Vamos a tomar medidas estrictas contra las infracciones de las leyes de remuneración equitativa, para que las mujeres puedan recibir la misma paga por la misma jornada de trabajo. (Aplausos.) Y debemos continuar el trabajo de arreglar nuestro sistema dañado de inmigración; para reforzar nuestras fronteras, velar por el cumplimiento de nuestras leyes y asegurar que todos aquellos que se acojan a las reglas puedan contribuir a nuestra economía y enriquecer a nuestra nación. (Aplausos.)
A fin de cuentas, son nuestros ideales, nuestros valores los que propiciaron el desarrollo de Estados Unidos; valores que nos permitieron forjar una nación compuesta por inmigrantes de todos los rincones del mundo; valores que aún guían a nuestros ciudadanos. Todos los días, los estadounidenses cumplen con sus responsabilidades para con sus familias y sus empleadores. Una y otra vez, les dan una mano a sus vecinos y hacen aportes a su país. Se enorgullecen de su trabajo y son generosos de espíritu. Los valores que guían su vida no son valores republicanos o demócratas. Son valores estadounidenses.
Desafortunadamente, demasiados de nuestros ciudadanos han perdido la fe en que nuestras principales instituciones –nuestras corporaciones, nuestros medios y, sí, nuestro gobierno– aún reflejan los mismos valores. Cada una de estas instituciones está repleta de hombres y mujeres honorables que realizan un trabajo importante que ayuda a que nuestro país prospere. Pero cada vez que un alto ejecutivo se otorga a sí mismo una recompensa por fracasos o un banquero arriesga lo nuestro por lucrar egoístamente, las dudas de la gente aumentan. Cada vez que los cabilderos explotan el sistema o los políticos se atacan unos a otros en vez de hacer mejoras en este país, perdemos la fe. Mientras los comentaristas de televisión más reduzcan debates serios a argumentos tontos y los temas importantes a citas jugosas, nuestros ciudadanos más se distanciarán.
No es de extrañar que haya tanto cinismo por allí.
No es de extrañar que haya tanta decepción.
Hice campaña con la promesa de hacer cambios, cambios en los que podemos creer, decía el eslogan. Y en este momento, sé que hay muchos estadounidenses que no están seguros de si aún creen que podemos cambiar, o por lo menos, de si puedo cumplir lo ofrecido.
Pero recuerden lo siguiente: nunca insinué que el cambio sería fácil o que lo podía hacer yo solo. La democracia en una nación de trescientos millones de personas puede ser bulliciosa y confusa y complicada. Y cuando tratas de hacer cosas importantes y hacer cambios importantes, se despiertan pasiones y controversia. Simplemente es así.
Quienes ocupamos cargos públicos podemos responder a esta realidad yendo a lo seguro y evitando decir verdades que duelen, y culpando a otros. Podemos hacer lo necesario para mantener nuestra popularidad en las encuestas y llegar a las siguientes elecciones en vez de hacer lo que es mejor para la próxima generación.
Pero también sé lo siguiente: si la gente hubiese actuado de esa manera hace cincuenta años o cien años o doscientos años, no estaríamos aquí esta noche. La única razón por la cual estamos aquí es porque generaciones de estadounidenses no tuvieron temor de hacer lo difícil; de hacer lo que era necesario incluso cuando el éxito era incierto; de hacer lo necesario para mantener vivo el sueño de esta nación para sus hijos y nietos.
Nuestro gobierno ha tenido ciertos reveses políticos este año, y algunos de ellos merecidos. Pero me despierto todos los días sabiendo que no son nada comparados con los reveses que algunas familias en el país han enfrentado este año. Y lo que hace que siga adelante –lo que hace que siga luchando– es que a pesar de todos estos reveses, ese espíritu de determinación y optimismo, esa decencia de fondo que siempre ha sido central en los estadounidenses, eso sigue existiendo.
Sigue existiendo en el dueño de una pequeña empresa en dificultades que me escribió lo siguiente sobre su compañía, “Ninguno de nosotros”, dijo, “…está dispuesto a considerar ni por un minuto que podríamos fracasar”.
Sigue existiendo en la señora que dijo que aunque ella y sus vecinos han sentido el dolor de la recesión, “Somos fuertes. Somos capaces de superar problemas. Somos estadounidenses”.
Sigue existiendo en el niño de 8 años de Luisiana, quien me acaba de enviar su mesada y me pidió que se la dé a la gente de Haití. Y sigue existiendo en todos los estadounidenses que dejaron todo lo que estaban haciendo para ir a un lugar en el que nunca han estado y sacan a personas que nunca conocieron de los escombros, provocando vítores de “¡U.S.A.! ¡U.S.A.! ¡U.S.A!” cada vez que se salva otra vida.
Ese espíritu que ha sostenido a esta nación durante más de dos siglos continúa existiendo en ustedes, su pueblo.
Hemos concluido un año difícil. Hemos pasado por una década difícil. Pero ha llegado un año nuevo. Tenemos una década nueva por delante. No nos damos por vencidos. Yo no me doy por vencido. Aprovechemos el momento, para volver a empezar, para llevar el sueño adelante y para fortalecer a nuestra nación una vez más.
Gracias. Que Dios los bendiga. Y que Dios bendiga a Estados Unidos de Norteamérica. (Aplausos.)
FIN
10:20 P.M. EST
THE WHITE HOUSE
Office of the Press Secretary
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